miércoles, 20 de mayo de 2015

Los ángeles caídos de la eternidad



Acabo de terminar Los ángeles caídos de la eternidad de Dioni Arroyo Merino y me deja un regusto de fascinación alucinante y deslumbrante ante esta pequeña gran obra, por la extensión solamente, que no parece una primera obra.
¿Son Los ángeles caídos de la eternidad una novela gótica? ¿Negra? ¿Existencialista? ¿De amor? ¿De juventud? ¿Quizás negra? Seguramente tenga una parte de todas ellas. De lo que estoy totalmente es de que estamos ante un magnífico relato con un argumento diferente y con unos personajes que embriagan en unas páginas llenas de una pasión obstinada e ingobernable y de sexualidad latente en un escenario macabro y asfixiante de profundo terror mezclado con filosofía, espiritualidad, existencialismo y poesía.
Asur es un joven que medio malvive en el Valladolid de 1987 con el producto de unas becas concedidas para unos estudios que nunca termina de acabar. Un día acude a un tanatorio por la muerte de un familiar y se encuentra con Itziar, una antigua compañera de su etapa colegial a la que recuerda tímida y muy poco atractiva, que trabaja allí como maquilladora de cadáveres. El amor surge entre ambos y poco a poco, Asur irá descubriendo el misterioso acontecimiento del pasado que ha hundido la confianza de ella en las personas. Ambos deciden vengarse con un asesinato y saldar cuentas con un mundo incomprensible para ellos que les reta a autodestruirse porque si no acabará con los dos.
Itziar es una mujer oscura y complicada muy difícil de descifrar su forma de ser por la imprevisibilidad de sus actos. Parece un personaje sacado de las novelas de Dostoyévski y vive como todos ellos caminando al borde mismo del abismo y sin comprender en absoluto lo que le está sucediendo en su vida. Por ello es incapaz de tener una comunicación normal con el resto de las personas que le rodean. Tiene una personalidad turbulenta y muy poco definida debido a un pasado oscuro que le ensimisma y no le permite ser libre al autoinculparse continuamente de lo que le pasó y que le incapacita para pedir ayuda. Itziar es una mujer lanzada a la autodestrucción y la muerte, pero antes deberá pasar por la venganza sobre quien le arruinó su vida.
Asur es justamente la otra cara de la moneda de Itziar. Él es el que relata en primera persona los acontecimientos y es un hombre existencialista que parece sacado de las novelas de Sartre o Camus, con una personalidad semejante a los personajes de Kafka, con esa sensación de vacío y frustración que destilan todos los poros de su piel. Le asusta el mundo que le ha tocado vivir y no da importancia a la moral y a los valores humanos porque es incapaz de comprenderlos. Tiene una personalidad nihilista donde reina el egocentrismo la crueldad y la cualidad e importancia de la amistad.
Ambos, Itziar y Asur, se reencuentran y se produce una colisión de trenes en la que ambos resurgen fundidos para ser seducidos por la muerte, la noche y el amor bestial e irracional que clama venganza y sangre, avanzado hacia un desenlace excesivo pero que nos permite reconocer que el amor siempre viene a resolver muchos de nuestros mas recónditos e irracionales aspectos vitales.
Subyugante relato Los ángeles caídos de la eternidad que te deja la respiración entrecortada en esa ambientación de bruma oscura, tétrica y lúgubre donde Dioni Arroyo Merino se estrenó en el mundo de la novela y que da muestras de su buena literatura y buen hacer que ha continuado en obras posteriores con ese estilo suyo tan original y propio.

sábado, 2 de mayo de 2015

Las flores no sangran


Para Mamen Romero Muñoz, fiel seguidora de mi blog, lectora incansable y, sobre todo, amiga. Tenemos tantas cosas en común que hasta leemos los mismos libros a la vez sin que lo sepamos.

Volveremos a Macondo prácticamente se estreno con una reseña de una novela de Alexis Ravelo, La última tumba. En ella decía que este autor era un grande del genero grande de nuestro país. Después vino la lectura de La estrategia del pequinés que confirmaba plenamente lo dicho. Y ahora he disfrutado de su nueva obra, Las flores no sangran, y ya tengo que decir que Alexis Ravelo es uno de los pilares de la novela negra de España y, seguramente, uno de los pilares más firmes.
Las flores no sangran es una novela bellísima. Una novela excelente que para los que se estrenen en este género ya no podrán soltarlo aunque seguramente cuando lean otras tendrán la sensación que les sabe a poco después de la lectura de ésta.
¿Qué es lo que tiene la novela negra para convertirse en fenómeno de masas? Para mi algo tan sencillo y, paradójicamente, complicado de ser catalizadora de la descripción de los horribles males de nuestro tiempo con un descomunal poder y una amarga competencia pues el mundo criminal atesora todas las normas vitales retratando la suciedad, deshonestidad e impudicia que nos envuelve a través de esos personajes marginales y fracasados que tan extraordinariamente dibuja Alexis Ravelo.
Una vez leí a Petros Márkaris, otro grande de la novela negra con su comisario Jaritos, que los autores europeos tenían que tener la valentía de escribir sobre estos tiempos tan penosos que nos ha tocado vivir para poder entender lo que pasa y así poder luchar ante tanta corrupción, y Alexis Ravelo tiene esa valentía y maestría para enseñarnos el lado más oscuro por el que se mueve la sociedad actual con una narración donde se siente el rencor, la inquina y el resentimiento con grandes dosis de humanidad y maldad revoltosa describiendo con su perfecto e impactante lenguaje de la calle que te golpea en el estómago y con unos diálogos geniales y ágiles  la vida que el conoce muy bien de su ciudad, Las Palmas, y de su isla, Gran Canaria, que en sus novelas no son ni tan idílicas ni tan afortunadas.
Unos ladronzuelos, carteristas y timadores de poca monta deciden embarcarse en un crimen idiota como es un secuestro exprés en una isla. Un crimen tan idiota como puede ser el atraco a una comisaría o a un banco de semen, Un crimen absolutamente absurdo, el más absurdo del mundo. Y eso es lo que deciden llevar a cabo Lola, el Marqués, el Flipao y el Salvaje en base a un plan infalible que además es muy sencillo de ejecutar, al menos sobre el papel.
Pero Gran Canaria es una isla y por tanto está rodeada de agua por todas partes menos por una, que se llama Isidro Padrón, un hampón disfrazado de empresario que a su vez despacha con un ruso que no tiene nombre, y si lo tiene nadie lo dice, por lo que pueda pasar. Desbaratar el plan de cuatro malhechores de pacotilla entra dentro de lo factible. Para él es cosa fácil, aunque también en teoría. Lo que todos ignoran es que en apenas veinticuatro horas ninguno de ellos será como es ahora porque habrá abierto las puertas del infierno.
Diego el Marqués, Lola, su novia, Paco el Salvaje y Felo el Flipao deciden, animados por Eusebio el Zurdo que es chofer de Isidro el Yunque de Tafira, secuestrar a la hija de éste, Diana Padrón, para pedir como rescate una gran cantidad de dinero proveniente de lo que recibe de la mafia rusa para que se lo blanquee junto con su socio Marcos el Martillo de Tejeda, y así poder salir de su vida insignificante a la que sobreviven cometiendo pequeños delitos  como atracar a turistas despistados llevándose su equipaje a las puertas de sus hoteles haciéndose pasar por botones, robando máquinas tragaperras o dando tirones a viejecitas. El plan parece factible y sencillo porque dan por hecho que el padre de la víctima por razones de peso no se pondrá en contacto con la policía por miedo a que en la investigación se descubra más de lo deseado. Pero...
Bajos instintos, necesidad, codicia y necedad mezclados en un cóctel asombroso y violento lleno de aspectos muy humanos con gotas de momentos hilarantes que te llevan en un bucle trepidante a un desenlace asombroso en una magnífica lectura donde se economizan los escrúpulos.
Protagonistas de medio pelo y bajos fondos que roban para vivir mezclados con personajes adinerados de clase alta y corrupto silencio, empresarios que sobornan y blanquean pues el poder y la corrupción suelen ir juntos en la sociedad en la que vivimos donde se relaciona el dinero con el éxito personal. Unos delinquen para sobrevivir porque no tiene nada mientras que los otros, que tienen cubiertas todas sus necesidades, lo hacen porque quieren más y más y cometen delitos por mera ambición y por un desenfrenado y frenético afán de lucro. Un problema que el sistema bajo el que nos organizamos promueve permitiendo y potenciando el anhelo depredador individual.
A los personajes de Alexis Ravelo se les coge siempre cariño por la simpleza con que piensan y por la torpeza con que se mueven ya que no tienen nada que perder pues nunca han tenido nada. Son unos canallas que desde el principio sabemos que su destino inmediato no puede ser otro que la cárcel o algo incluso peor en un fatalismo que se ha convertido en consigna de sus novelas con una demostración de que el autor sabe perfectamente de lo que habla.
Las flores no sangran es una palpable muestra de ello dentro de una trama surrealista llena de acción y humor corrosivo en una ciudad e isla no tan paradisiacas que nos pintan y que se transforman en un escenario arrabalero, decrépito y cruel en el que habita lo peor de cada casa.
Personajes reales, originales y sorprendentes. Historia de supervivientes en lucha con la vida en la que no todos pueden salir bien parados si es que sale alguno. Situaciones sórdidas, grises, ásperas, deprimentes, miserables y muy creíbles. Las flores no sangran es una novela negra, negrísima donde no hay policías.
Alexis Ravelo ha escrito una novela ambiciosa de impecable ejecución que es crónica de la oscura realidad social de podredumbre. Las flores no sangran es una absoluta pasada. Una excelente novela imprescindible para saborear la grandeza y el esplendor de la novela negra. Alexis Ravelo se supera a si mismo en Las flores no sangran con energía, fuerza y contundencia mezcladas con la suavidad del lenguaje canario. Las flores no sangran es pura novela negra. Una novela que entra por la puerta grande del género y que quedará en la sala de sus trofeos para que generaciones futuras la sigan leyendo porque es una novela que se alza al pedestal de las obras de arte. Pero no estoy diciendo algo nuevo que no se sepa. Alexis Ravelo hace años que lleva escribiendo obras maestras.