viernes, 30 de octubre de 2015

Hotel Mediterráneo



A veces te hablan de libros u de autores para ti desconocidos. A veces tienes la suerte de abrir el buzón de tu casa y encontrar que una gran amiga te regala un libro. A veces tienes la gran suerte de tener entre tus manos y leer un libro como Hotel Mediterráneo de Alejandro Pedregosa.
Hotel Mediterráneo es un libro absolutamente fresco, plagado de personajes estrambóticos, una historia que roza el surrealismo mágico pero que te identificas desde el principio con lo que en él se narra, un libro en el que te deslumbra su luz.
El Hotel Mediterráneo no es un hotel y ni siquiera, pese a su nombre, no tiene vistas a ese mar que pinta de azul sus largas noches de invierno ni que se acerca y se va después de besar tu aldea. En el Hotel Mediterráneo, situado en un barranco de un bosque de un lugar indeterminado donde habitan una serie de personajes sublimes que huyen de sus vidas anteriores. Unos y otros se refugian en él por si un día para su mal les viene a buscar la parca, en un paisaje tranquilo en medio de la naturaleza donde llueve y llueve detrás de los cristales, para refugiarse y comenzar una nueva vida, más plácida, más reflexiva: más humana.
La fundadora es Amparo, la abuela vasca a la que Joan Manuel Serrat le escribió cuando era joven eso de que como al viento, la lluvia y el trueno la parieron al sereno a la sombra de un nogal... y creció viendo a sus pies Tolosa... para cobijar a gente que no puede ver su cielo y su mar, y Maite, su amiga, seria e imperturbable psicóloga. Ambas, de personalidad fuerte, fueron conscientes de que debían fundar esa casa de acogida para mujeres en peligro de muerte por sufrir el acoso de sus maltratadores que ejercieron sobre ellas violencia de género.
También vive allí el Presidente, malhablado pero bonachón, antiguo político corrupto de las tierras del Sur que expía escondido sus delitos y ejerce de cocinero entre interminables noches de porros, botellas de vino y jugosas conversaciones con Francesc, Fransés para el Presidente, un joven pianista enamorado de la música de Serrat, que huye de Barcelona al morir su abuela que le crió y darse cuenta que la ciudad se le queda pequeña y le vacía el alma, que nos cuenta en primera persona la historia. Y Tamara, joven y bonita, extraña, arisca y cohibida, que un día huyó de su pueblo alejándose del maltrato de su marido porque cree firmemente que quiere asesinarla.
Para subsistir entre todos regentan un restaurante que tiene más éxito que el mismo hotel. Todos viven como una familia en un presente confortable exento de lujos pero de buena calidad frente a la que gozaban en sus anteriores vidas. Tamara, la última huésped que ha llegado al hotel, enamora perdidamente a Francesc que intenta ayudarla encubriendo hasta el infringimiento de las normas de la institución. Tamara para Francesc es la gloria vestida de tul con la mirada lejana y azul... porque yo amaba a esa mujer de cartón piedra.
Hotel Mediterráneo es un libro especial, notable, sorprendente, raro, distinto, pero extraordinario que se empieza a leer sin saber muy bien a dónde va a ir a parar, pero que mantiene la atención, por varios motivos, entre ellos el particular y sano sentido del humor que Alejandro Pedregosa imprime en él. En cuanto uno se da cuenta, ya han aparecido, de forma espontánea y natural, los elementos clave del relato, por lo que ya se está enganchado, y no se puede parar hasta el desenlace. Quizás acaba sabiendo a poco, pues se trata de una novela de corta extensión, pero desde luego deja mejor regusto así que si se hubiera hecho pesada. Desde el principio es un libro bonito, pero para mi es a partir de su mitad cuando se convierte en precioso. Hotel Mediterráneo es un canto a la libertad, a romper con el pasado y empezar de nuevo que pone en juego una trama realista contada sin melindres ni remilgos.

Hotel Mediterráneo habla de muchas más cosas que de la violencia de género. Es una historia llena de historias asombrosas y espectaculares y, sobre todo, es un libro de amor, con mayúsculas, desinteresado y desmedido, donde la prosa de Alejandro Pedregosa, plagada de poesía, parajes sugerentes, metáforas alusivas, palabras imaginativas y ensoñadoras, nos arrinconan en un oasis de buena literatura para poder refugiarte y abstraerte del mundo durante unas horas.

Las palabras de amor que Alejandro Pedregosa vuelca en su Hotel Mediterráneo me han hecho soñar y su estupenda banda sonora original de Joan Manuel Serrat me ha lanzado a lugares recónditos, sublimes y únicos que ya creía olvidados cuando de joven rayaba sus discos de tanto escucharlos y volver a recordar nombres que me saben a yerba.
Hotel Mediterráneo hace volar la imaginación. Y para eso sirve la literatura, para hacerte volar en un ensueño.


miércoles, 14 de octubre de 2015

¡Ay, Carmela!



Leer teatro quizás esté bastante olvidado entre el publico cuando es una de las experiencias más gratificantes que pueden existir, y más si se trata de un texto tan magnífico como es el de ¡Ay, Carmela! de José Sanchis Sinisterra.
José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) es uno de los dramaturgos españoles más comprometidos con el teatro de su tiempo. Su actividad como profesor, investigador, director, promotor y autor de teatro le ha mantenido en una continua búsqueda y experimentación de nuevas formas de expresión. Sobre la base de la tradición clásica y de la renovación formal (que sigue los pasos de Kafka, Beckett y Brecht), Sanchis Sinisterra pretende con su teatro sorprender y estimular la conciencia del espectador desde un punto de vista ético y estético.
Con ¡Ay, Carmela!, que pertenece a su etapa inicial, el autor obtuvo un rotundo éxito de crítica y público. Planteada como una crónica sentimental de la guerra civil desde la memoria republicana, tiene mucho de ajuste de cuentas con la historia, pero también con nuestra propia época, con el teatro español y con la trayectoria personal de su autor.
¡Ay, Carmela! es un texto singular; construido con materiales irrisorios, tomados en préstamo de los géneros más ínfimos del espectáculo, tiene en cambio una factura compleja, elaboradísima, que suministra al espectador los datos para reconstruir con fragmentos, a veces febriles, de la memoria los hechos que atormentan a los personajes. Muchos temas se cruzan sobre el nudo aparentemente anecdótico de su argumento: sobre el gran teatro de operaciones de la guerra civil española, el irrisorio tablado de unos cómicos ambulantes, la ridícula afrenta del teatro cometida ante el poderío obsceno de la muerte. El teatro como escenario de la memoria, donde vuelven a cobrar vida, aguijoneados por el castigo de la conciencia, fragmentos de una traición o de una cobardía.
¡Ay, Carmela! es uno de los textos de la dramaturgia contemporánea española que más se ha representado por todo el mundo. El interés que despierta, a pesar de sus casi treinta años, es de una vigencia abrumadora. Es una elegía de una guerra civil en dos actos y un epílogo, aunque tal vez sea esta ultima parte de la obra la menos conocida. Y ello porque la fabulosa historia de José Sanchis Sinisterra la conocemos fundamentalmente por la versión cinematográfica de Carlos Saura.
Un epílogo fascinante que supone una reivindicación de la memoria histórica como atributo de la dignidad. Un excelente colofón para el sugerente final del segundo acto que, tras el sonido de una descarga de fusilería, deja a oscuras el escenario en el que Paulino y Carmela llevan a cabo sus interpretaciones. La acción transcurre en Belchite (Zaragoza), que acaba de ser "liberado" por las tropas nacionales y los dos artistas de variedades hacen un espectáculo para homenajear al ejército victorioso y humillar a los vencidos, que asisten a la representación antes de ser fusilados. Aunque el tema de la obra es el del "teatro bajo la guerra", y nos muestra la visión del autor sobre el hecho dramático (reflexiones del teatro dentro del teatro) no deja de ser significativo que el contexto marque irremediablemente la acción, lo cual nos lleva a la reivindicación de Sanchis Sinisterra de la función social del teatro. Frente al tono fundamentalmente realista y verosímil de los dos primeros actos, el epílogo es magia. En estas últimas líneas el autor nos lleva a un mundo de sueños e imaginación, a la fantasía que quedó sustituida en la película por un epílogo mucho más convencional y realista: la visita a la tumba de Carmela. El epílogo de ¡Ay, Carmela! en realidad retoma el principio de la obra, donde se le aparece a un confuso Paulino, Carmela recién muerta. Tras mostrarnos en el segundo acto con una nueva regresión temporal cómo sucedieron los hechos la noche de la muerte de Carmela, en el epílogo el tiempo se ha detenido, el desenlace ha sucedido y el teatro impone su libertad que le permite hacer de lo ilógico algo natural. No tiene por qué ser un sueño de Paulino (de hecho, Sanchis Sinistierra afirma que escribió estas escenas para que el público no pensara que eran fantasías de Paulino). Así, naturalmente, vuelve Carmela de entre los muertos y se produce un magistral cruce de tiempos, una demostración de que cualquier cosa puede suceder en el escenario. El epílogo por tanto no es un añadido trivial, una manera de alargar innecesariamente la obra. En él se cierra el ciclo abierto en los dos actos con las apariciones de Carmela y se desarrollan temas fundamentales que invitan a la reflexión al espectador. La dignidad artística, la dignidad vital de vivos y muertos, la supervivencia a costa de la dignidad y el olvido frente a la reivindicación de la memoria para salvar esa dignidad. ¿Es mejor ser un fantasma digno o un vivo convertido en pelele? Como dice Carmela, hay muchas formas de estar muerto... y muchas formas de estar vivo. En definitiva, ¡Ay, Carmela! merece una lectura para apreciar la riqueza de la obra y este magistral epílogo que me ha emocionado cuando Carmela ve en el patio de butacas a los milicianos que la vieron actuar por última vez y que también fueron fusilados tras ella. Pero, sobre todo, cuando ella reivindica los "clubs" de la memoria allá en la otra vida...

"Para recordarlo todo (...) Porque los vivos, en cuanto tenéis la panza llena y os ponéis corbata, lo olvidáis todo. Y hay cosas que.."

En estricto sentido, la obra cuenta la historia de Carmela y Paulino, dos actores de revista de variedades que, en plena Guerra Civil, actúan en la España republicana, como podrían haber actuado en la España nacional, si así les hubiera “pillado” el conflicto. A causa de un error cruzan las líneas y son hechos prisioneros por los nacionales. Allí son obligados a realizar la representación de una velada cómica para un público compuesto de militares (nacionales) vencedores y algunos brigadistas internacionales (rojos) que van a ser fusilados al siguiente amanecer. El espectáculo incluye una parodia burlesca contra la República, un número ideado para humillar a los prisioneros republicanos, que acabará desencadenando la tragedia. Carmela, indignada, subvierte espontáneamente dicha parodia, pese a los intentos del apocado Paulino para sacarla del atolladero, y acaba siendo fusilada también. Paulino queda solo y no tiene más consuelo que emborracharse y recibir las visitas del espíritu de Carmela.
Aún así, con estos mimbres, la historia no es de guerra, es cruel, dramática, emocional, pero no es de bandos ideológicamente enfrentados con la ferocidad de las armas. El mensaje sobre el que gira es de valores, contravalores, emociones y la lucha por la vida. No se puede leer como una historia puramente cronológica. Realmente está construida como un flash back a partir de los recuerdos de Paulino y la presencia fantasmal y metafórica de la Carmela muerta. Nos encontramos ante un tiempo cambiante que se repite, y en un espacio donde se confunde lo vivo y lo muerto, y donde convive el miedo y la rabia, la injusticia y la búsqueda de la supervivencia.
Sin embargo, no podemos obviar que ¡Ay, Carmela! es una obra con mensaje claro. Es la historia de la humillación y el grito de la dignidad. La humillación la representa Paulino, a sabiendas de que ésta es menos si pensamos que lo primero es poder comer cada día. Pero humillación es, al fin y al cabo, someterse a las exigencias del poder y a las maromas con las que atenaza el miedo. El grito de la dignidad humana, con la veracidad que trasmite el candor y la fuerza de la ilusión y a la vez la inocencia infantil se encarna en Carmela, que canta, baila, enseña su medio cuerpo desnudo, se salta el guión establecido y se deja guiar por el corazón, para ponerse del lado emocional de las víctimas, de quien sufre, de los inocentes. Ella será también víctima y símbolo de lo que el poder brutal ejecuta contra todo aquel que se rebela.
Si desde el punto de vista del contexto de guerra, el texto de Sanchis Sinisterra me parece que ha envejecido, desde esta otra perspectiva simbólica de personajes y valores universales, considero que sigue teniendo perfecta actualidad en una sociedad en crisis.
El texto pretende resucitar, por encima de la “memoria histórica”, la tragedia humana en cualquier situación de conflicto, emoción que, por momentos, se consigue y por momentos se diluye.

"Tres colores tiene el cielo de
España al amanecer.
Tres colores, la bandera
que vamos a defender.

CARMELA. (Desprendiéndose violentamente de PAULINO.) ¡Vete a darle por detrás a tu madre! (Y se une al canto de los milicianos, al tiempo que abre y despliega la bandera alrededor de su cuerpo desnudo, cubierto sólo por unas grandes bragas negras. Su imagen no puede dejar de evocar la patética caricatura de una alegoría plebeya de la 
República.)
PAULINO. (Aterrado.) ¡Carmela! ¡Los… el… las… las tetas!
Todo ha sucedido muy rápidamente, al tiempo que la luz ha comenzado a oscilar y a adquirir tonalidades irreales. También el canto —y otros gritos y golpes que intentan acallarlo— suena distorsionado. PAULINO, tratando desesperadamente de degradar la desafiante actitud de CARMELA, recurre a su más humillante bufonada: con grotescos movimientos y burdas posiciones, comienza a emitir sonoras ventosidades a su alrededor, para intentar salvarla haciéndola cómplice de su parodia.
PAULINO. (Improvisa, angustiado y falsamente jocoso.) ¡Éstos son los aires… que a usted le convienen…! ¡Y estas melodías… las que se merece! ¡Tome por aquí…! ¡Tome por acá…! ¡Do, mi, re, la, sol, si, re, do, mi, fa!
La luz se extingue, excepto una vacilante claridad sobre la figura de CARMELA. También decrecen las voces y sonidos de escena, al tiempo que se insinúan, inquietantes, siniestros, los propios de un fusilamiento: pasos marciales sobre tierra, voces de mando, una cerrada descarga de fusilería. Mientras se apagan los ecos, se hace totalmente el OSCURO.




miércoles, 7 de octubre de 2015

Puerto escondido


¿Qué hace a un escritor o a una escritora empezar a escribir una historia? ¿Qué pasa en esos momentos por su mente? Quizás se encuentra paseando por las calles de un pueblo medieval de calles y casas de piedras milenarias que te hacen viajar a tiempos remotos en pleno siglo XXI, lleno de rincones repletos de vida arcaica cuando su mirada se queda absorta en un escudo adosado a una pared que le resulta anacrónico y que no debería encontrarse allí, y, de repente, en su cabeza se dibuja el primer esbozo de una posible novela que se irá alimentando y creciendo con leyendas, lugares, conversaciones al calor de la lumbre o paisajes espléndidos. Quizás ocurra así. Quizás ocurra de otra manera. Pero lo que está claro, supongo, es que la imaginación y la curiosidad privilegiada de ese escritor o de esa escritora, atentos a todo lo que les rodea, es el detonante para que unos folios en blanco se empiecen a poblar de letras, de palabras, de frases, de párrafos y de diálogos que meses o años más tarde conducirán a unos lectores a convivir, a soñar y a viajar con lo que esa mente despierta ha imaginado.
Todo esto es lo que he pensado mientras disfrutaba, no podéis saber de que manera, de la lectura de Puerto escondido de María Oruña. Mis pies han hoyado esos paisajes de Cantabria de una belleza tal que se filtra en nuestros ojos teñidos del verde de sus prados inagotables, del gris de sus peñas, del azul intenso de su mar Cantábrico que refleja el de su cielo profundo y con destellos y chispazos de nieblas altas que perduran con obstinación insistente en el aire.
Imaginación desbordada de María Oruña reuniendo en un texto apasionante un dios azteca de la lluvia y la fortuna, el cadáver de un bebé emparedado en una casona veraniega, un anciano asesinado de un tiro en el estómago y tirado al agua de la ría de Suances, otro envenenado, un intento de homicidio de un demente que solo habla de un zorro, de un saco lanzado al mar con restos humanos, de maquis que se tiraron al monte hace más de setenta años para seguir luchando contra el fascismo de Franco que acabó con la República en una guerra cruenta y fratricida, de una teniente de la Guardia Civil de ojos bicolores, de monjas de clausura, de un hombre en peligro de muerte, de miserias y pobreza en un tiempo oscuro, de ambiciones desmedidas, de señoritos hacendados y crápulas y de criadas a su servicio que quieren seducirlos en busca de una vida mejor que les aleje de las penurias y necesidades de las vidas que les ha tocado vivir y de amores en peleas incomprensibles entre instintos básicos y poderosos.
Puerto escondido, ese que todos tenemos o queremos algún día encontrar para poder refugiarnos de nuestros temores, es una historia de ambición, de pánico y de pura maldad que nos viene a decir que el futuro es un lugar inmenso aunque siempre nos persiga nuestro pasado y que no es indecente el pecado, sino el escándalo. Puerto  escondido también es una historia de amor y de pasión. De amores cobardes a veces donde los personajes no se atreven a continuar sin mirar atrás porque si lo hacen saben que no podrán abandonarlo y necesitan dar reposo a sus sentidos.
La novela se estructura en dos momentos narrativos paralelos e intercalados a lo largo de la historia, uno actual y otro que tuvo lugar en la guerra y la posguerra de la guerra civil, este último contado por un narrador misterioso que nos relata en primera persona un diario que nos habla de Jana y de su familia. Jana es una chiquilla pequeña, casi diminuta, delgada, de cabello castaño ondulado, largo y brillante, ni siquiera es arrebatadoramente hermosa pero tiene una sonrisa y una mirada hipnóticas y seductoras, que dispone de una elegancia natural con esa belleza secreta que los demás admiran en silencio mientras intentan escudriñar su pensamiento tras sus enormes ojos verdes y gatunos, con un toque de animalillo salvaje con bravura en esa mirada. Una muchacha que sin ser extraordinariamente bella enciende el deseo porque es bonita, muy bonita.
Puerto escondido se inicia con el descubrimiento del cadáver de un bebé en un caserón al lado del mar que lleva colgado una pequeña figura azteca, un Tlaloc. Oliver, un británico que ha heredado la casa y está reformándola llama a la policía tras el macabro descubrimiento, momento en el que aparece en escena otro de los protagonistas, la teniente de la policía judicial de la Guardia Civil Valentina Redondo, quien con su equipo,y con el mismo Oliver, tendrán que averiguar el nexo que hay entre esta aparición, otros dos asesinatos más en la zona y la historia de Jana y de su hermana Clara en los años cuarenta. 
La teniente Redondo es serena, emana cordura y calma, tiene una conversación interesante a pesar de su evidente obsesión por el orden de todo aquello que la rodea, indaga sin descanso rascando la superficie, es recta, profesional, aséptica y trabaja sin descanso. Es independiente, activa y nada dada a los sentimentalismos. Pero es templada y cordial. Tiene los ojos de diferente color que le hacen misteriosa y que hechizan más por su forma de mirar que por su mirada en si.
Del argumento no voy a decir nada más porque atrapa al lector que irá de sorpresa en sorpresa descubriendo las claves que María Oruña va dosificando magistralmente con la ayuda de las citas que encabezan cada capítulo y que son un verdadero acierto, pero nos cuenta que todas las personas tenemos un lado oscuro controlado por el medio social donde vivimos y por la educación recibida que puede explotar llegando a una situación límite.
Puerto escondido es un libro atípico que mezcla varios géneros. Es un libro misterioso y, como decía Albert Enstein, el misterio es la cosa más bonita que se puede experimentar ya que es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos. María Oruña ha escrito una gran novela. Una preciosa novela perfectamente escrita. Como dice ella ha y que dar las gracias a los que creen en la literatura, la difunden, la sueñan, le imprimen pasión y tiempo, ese oro líquido que se desliza sin remedio. Yo, María Oruña, te doy las gracias por todo esto, porque crees en la literatura, porque escribes muy bien, porque la sueñas, porque le pones pasión y dedicas tu tiempo a plasmar esta bellísima historia, porque sueñas e imaginas ficciones y porque haces soñar con ellas a quien tiene la suerte de que tu Puerto escondido haya caído en sus manos como la he tenido yo. Te confieso, que al terminar tu novela he podido visitar durante horas, puede que sin quererlo, mi propio y secreto puerto escondido. Pero la vida sigue y hay que seguir leyendo. Espero que muy pronto venga esa segunda parte que sé que ya está en camino.


sábado, 3 de octubre de 2015

El secreto de Vesalio



Me gustan, ¿qué digo?, me fascinan las novelas sobre ciudades. siempre que viajo a una de ellas mi principal objetivo es visitar los lugares y los escenarios donde los escritores han ambientado sus novelas. Y de todas y variadas ciudades en las que me ha tocado vivir en ellas a lo largo de mi vida, Barcelona quizás sea la que más me atrae en este aspecto. Pasear por sus calles y barrios y rememorar mis lecturas. Calles y barrios donde leyendo sus páginas me llevaban con la imaginación hacia esos lugares y que, después cuando las pisas, descubres toda la magia que es la literatura y crees ver a esos personajes que te han hecho soñar. La Barcelona de Últimas tardes con Teresa, la de La sombra del viento o la de El juego del Ángel, la de El amante bilíngüe, la de La ciudad de los prodigios, la de La catedral del mar, la de La plaza del Diamante. Marsé, Ruiz Zafón, Mendoza, Falcones, Moix, Vázquez Montalbán, Torres, Monzò... Barrios del Eixample, Universidad, calle Pelayo, las Ramblas, la Plaza Real, la ciudad Vella, el Raval, Colom, las Atarazanas, el Paralelo, la Vía Layetana, el Born, la Barceloneta, el Puerto, el Guinardó, Poble Nou, la Ciudadela, Vallvidriera, Parc Güell, Sagrada Familia, Paseo de Gracia, barrio de Gracia, calle Verdi... 
Y ahora cae en mis manos una pequeña joya como es El secreto de Vesalio de Jordi Llobregat y me vuelvo a situar en la plaza de Cataluña para ir bajando hacia el mar por la Rambla de las flores hacia la estatua de Colón girando a la izquierda por el paseo de su nombre para adentrarme en el Born y seguir hacia el barrio de la Barceloneta para descubrir como en 1888 surgía esa nueva Barcelona que enterraba a la vieja ciudad para descubrir el progreso con la inauguración de la Exposición Universal.
Presiento esa ciudad que vive una actividad febril, preparándose para mostrar los prodigios de la tecnología y recibir a gobernantes y reyes de toda Europa, donde, días antes, aparecen los cadáveres mutilados de algunas mujeres jóvenes y eso hace que se reavive una vieja leyenda sobre un monstruo asesino que ya estaba casi olvidada. En esos días es cuando vuelve a su ciudad natal un joven profesor de Oxford, Daniel Amat, para asistir al funeral de su padre. El protagonista cumple los requisitos del héroe moderno: carga con la culpa de un drama familiar en el que murieron su prometida y su hermano, se ha alejado de su padre, es inteligente pero frágil y se ve arrastrado por las circunstancias a una investigación en la que estará acompañado por un periodista de sucesos en horas bajas, Bernat Fleixat, y un brillante aunque problemático estudiante de Medicina que guarda un gran secreto, Pau Guilbert. A su alrededor estarán también un antiguo amor, Irene, un policía corrupto, Sánchez, un empresario más corrupto aún, Bertomeu Adell, una prostituta con buen corazón, Dolors, y varios delincuentes de distinto tipo, además de unos misteriosos habitantes de las cloacas de la ciudad condal. Todo esto además está complementado por una fantasía científica con Andrés Vesalio, el autor de un libro clásico de anatomía, "De humani corporis fabrica", como gran protagonista. La búsqueda de ese libro termina por ser el motor de un relato que navega entre el thriller, el costumbrismo y el relato de aventuras.
El argumento de El secreto de Vesalio es absolutamente fascinante porque Jordi Llobregat vuelca en él pasión y todo lo que es bueno hay que hacerlo con pasión. No voy a decir nada más sobre él porque, lector, tienes que zambullirte en él para que te frotes los ojos con todas las increíbles sorpresas que te vas a encontrar dentro de sus páginas y con sus perfectos personajes, por no hablar de uno de los finales más trepidantes y geniales que he leído nunca.
Pero no puedo dejar de hablar de la que para mi es esa verdadera protagonista, Barcelona, una ciudad que vive un momento de luz y de esplendor días antes de la primera inauguración de una Exposición Universal en nuestro país como fue la de 1888. Son los primeros pasos para la modernidad y de apertura hacia Europa. Al mismo tiempo, Barcelona es en esa época una ciudad muy oscura, muy gótica, donde aún no ha llegado la electricidad y sus calles no están empedradas y no existen los automóviles, la miseria recorre parte de sus barrios, la superstición rige muchas de las conductas de sus habitantes, el espiritismo y lo esotérico vive un gran momento, la ciencia se percibe como algo mágico en un momento de contrastes, de sombras y de luces, donde se vive de día porque hacerlo de noche supone un gran peligro. Barcelona se constituye así en un escenario fantástico y acaba por convertirse casi en el gran personaje de la novela sin desmerecer a todos los que salen en ella que son fantásticos.
Leyendo El secreto de Vesalio vas recorriendo la historia de la literatura. De repente crees que estás con Jack el Destripador, de pronto te introduces en las cloacas de El tercer hombre, ahora parece que te codeas con El fantasma de la Ópera y de repente caes en brazos de Frankenstein. No te va a dejar en ningún momento ni indiferente ni aburrido, y leerás y leerás sin poder parar. En sus páginas hay amor, pasión, aventura, ciencia, historia, rebeldía, perfecta ambientación, exhaustiva documentación, donde al final se encierra la moraleja que durante el transcurso de nuestra vida, todos nos vemos obligados a tomar una serie de decisiones en, las que la más de las veces, cometemos errores. Pero en ocasiones, una de esas decisiones erróneas tiene consecuencias que afectan profundamente nuestra vida y a los que con nosotros se encuentran. Según pasa el tiempo pensamos que deberíamos haber hecho las cosas de forma diferente pero ya no puede ser y siempre recordamos ese momento en que tomamos la decisión porque nuestro pasado no nos abandona y siempre va a nuestro lado.
Genial novela El secreto de Vesalio. Me gustan las buenas historias y esta es una buenísima historia. Las hay que entretienen, pero esta no se para ahí y avanza muchos pasos más metiéndonos de pleno en esa ciudad de luz como es Barcelona en esos tiempos que estaba plagada de rincones oscuros en una pintura victoriana. Sigue lector las pistas que Jordi Llobregat te va poniendo a tu alcance, adéntrate con cautela y cuidado en la trama no despiertes algún ser maligno que te haga daño, pero no te dejes engañar y ten prudencia. Abre las páginas de El secreto de Vesalio y trasládate en el tiempo ciento veintisiete años atrás. No tendrás nada que hacer desde ese momento. Desde la primera página quedarás preso. Ya no podrás cerrar el libro hasta su final. Yo te recomiendo fervorosamente que lo hagas pero tú sabrás a lo que te expones. Quedas avisado.



viernes, 2 de octubre de 2015

Promesas de arena



Hay que reconocer varias cosas a Laura Garzón. La primera su valentía, en principio por lanzarse al mundo de la literatura, y después por haber tratado en su primera novela, Promesas de arena, un tema audaz y original como es el mundo del voluntariado en el conflicto judío-palestino dentro de ese gueto, creado por aquellos que lo sufrieron en el siglo pasado, como es la franja de Gaza.
Pero Laura Garzón nos cuenta la historia también de manera muy insólita, interesante y amena de forma nada cobarde. Laura Garzón es una contadora de cuentos, una gran contadora de cuentos que te atrapa en sus letras y te introduce de lleno dentro del escenario que ella ha elegido por muy lejano y desconocido que sea para ti, acomodado y más o menos feliz lector occidental. Y es valiente porque, como mujer inteligente y comprometida que es, trata a la mujer de forma muy diferente a la mujer en una novela romántica al uso que nos tiene acostumbrados la literatura actual.
Esta Lucía, que enamora, cae rendida en una pasión irreprimible de "unos ojos azules que no tienen fondo" cuando ella, al acabar sus estudios va como cooperante al paso fronterizo con Egipto de Rafah y se da de bruces con la dura realidad de encontrarse en un mundo hostil que dinamita y hace saltar por los aires sus ideas románticas de ayuda a los más necesitados. Una Lucía que se enamora de forma apasionada y que se va haciendo, a medida que transcurre el relato, más fuerte y sensata, aunque se enamore perdidamente en esa situación agobiante que la supera como vía de escape pese a su total convencimiento de que ese amor no le conviene y reconoce que, aunque sea el amor de su vida, es muy peligroso.
Promesas de arena nos hace pensar, nos hace sentir y nos hace elegir como elige Lucía.
Además de la historia de amor, Laura Garzón nos sumerge en otra historia paralela como es la de los asentimientos palestinos de la franja de Gaza y describe perfectamente las necesidades y carencias que tienen los que viven allí y los esfuerzos de la gente que, desinteresadamente, intentan ayudar en el drama que sufre el pueblo palestino, aunque lo hace, de forma inteligente, desde el punto de vista humanitario sin impartir doctrina ni hacer en ningún momento crítica política.
Lo que si hace es describir el choque que se produce en Lucía, joven, europea, preparada y totalmente consciente de su condición femenina, al ir observando comprender, no aceptar, cuidado, todo lo que para ella son derechos de los seres humanos como la independencia, la integridad física y moral y la libertad en la toma de decisiones.
Me ha sorprendido Laura Garzón por ese coraje que vuelca en Promesas de arena. Laura Garzón escribe una novela de amor, no me gusta el adjetivo romántica para ella, con un lenguaje que no tiene parangón en el género, al utilizar un verbo muy cinematográfico con flashbaks y fundidos, con frases cortas y descripciones precisas que nos llevan de la ternura a la emoción en un relato de superación en un escenario al límite de lo soportable, donde, siendo como es un libro de amor, nunca cae en la ñoñería describiendo casi con un lenguaje naturalista tradiciones de la cultura árabe y las relaciones sexuales de los protagonistas.
Promesas en la arena es un canto al amor, a la amistad, a la solidaridad, a la rebeldía, a la supervivencia, al coraje y a la miseria de este mundo, pero con un mensaje optimista y esperanzador. Promesas de arena es una gran primera novela. Una novela comprometida donde la autora no toma partido ni por los palestinos ni por los judíos sino que nos cuenta la tragedia humanitaria en donde todos sufren por culpa de unos pocos que prometen y prometen, aunque sus promesas queden enterradas por la arena del desierto convirtiéndose en Promesas de arena que se escurren entre sus desesperados dedos.