sábado, 18 de abril de 2015

Ojos de agua


Llega a mis manos por casualidad, quizás como llegan todos los buenos libros, una excelente novela de un gran autor como son Ojos de agua y Domingo Villar y me sigo maravillando de la buena salud que sigue teniendo la novela negra española.
Ojos de agua es la primera novela de Domingo Villar, publicada en 2006. Su protagonista es Leo Caldas, inspector de policía. Caldas es un personaje solitario, tímido, que goza paseando de noche por las calles de Vigo. Fumador empedernido y amante de los percebes y del vino blanco, le gusta contemplar el mar y escuchar música en algún club de jazz. Colabora con no excesivo entusiasmo en un programa de radio. Su ayudante es Rafael Estévez, un aragonés de casi dos metros de altura y 130 kilos de peso que tiene dificultades para relacionarse con la idiosincrasia gallega y con la ironía de sus habitantes. Esta singular y extraña pareja se encarga de investigar el crimen de un joven saxofonista, Luis Raigosa, que aparece asesinado en su apartamento de la Torre de Torralla con una crueldad que apunta a un crimen pasional. Sin embargo, el músico muerto parece ser que no mantiene una relación estable y la casa, limpia de huellas, no muestra nada más que partituras ordenadas en los estantes, saxofones colgados de las paredes y un libro de Hegel en la mesilla de noche.
El melancólico y solitario Leo Caldas y su ayudante, demasiado impetuoso para una Galicia irónica y ambigua e, incluso, para el propio Leo Caldas, buscarán de la bruma del anochecer al humo de las tabernas y los clubes de jazz hasta descubrir la verdad y desentrañar el secreto que esconden esos ojos de agua de Luis Raigosa.
Ojos de agua, al ser una primera novela, nos presenta a sus personajes, dos protagonistas estupendos muy verosímiles y humanos en un Vigo que está perfectamente adaptado a la novela negra con sus callejuelas y cuestas en un absorbente espacio visual lleno de aromas y matices, lleno de comida de la zona, vino de la Ribeira Sacra y música de jazz. Y lo hace con una trama perfecta excelentemente resuelta y muy bien escrita donde no faltan escenas de un humor absolutamente delicioso que te hace sonreír y hasta lanzar alguna carcajada con las situaciones en que se implica Rafael Estévez.
Domingo Villar es brillante en su escritura y nos hace avanzar en la lectura de capítulos cortos hacia un final en el que he encontrado unas de las páginas más cautivantes y perfectas de la novela negra, sin que desmerezcan en nada las anteriores llenas de escenas perfectamente estructuradas y de enigmática belleza.
Ojos de agua es una gran novela que te deja con ganas de más y de profundizar en las vidas de estos dos personajes ya para mi imprescindibles como son Leo Caldas y Rafael Estévez.
Necesito más de Caldas y de Estévez por lo que me lanzo a la lectura de su segunda novela, La playa de los ahogados. No queda otra cosa que hacer. Ojos de agua y Domingo Villar me han impactado de tal manera que necesito más y más. Continuará.