jueves, 26 de noviembre de 2015

Los besos en el pan


Si tienes en tus manos, que espero que lo tengas, Los besos en el pan podrías ir directamente a su tercera parte, titulada Después, y disfrutarías de todo lo que hay dentro de ella ya que es un magnifico resumen de todo lo que encierran sus páginas. Pero, siempre hay un pero, te perderías la gran maravilla que encierran sus dos partes anteriores, tituladas Antes y Ahora, cosa que ya desde el principio, te comunico que no debes perderte para deleitarte con la increíble palabra de Almudena Grandes y no quedarte tan solo con esas apenas quince página finales.
Los besos en el pan empieza y acaba igual:

"La familia Martínez Salgado vuelve de las vacaciones y parece que de pronto se llena el barrio de gente.
Aquí les despedimos, en este barrio de Madrid que es el suyo, distinto pero semejante a muchos otros barrios de esta o de cualquier ciudad de España, con sus calles anchas y sus calles estrechas, sus casas buenas y sus casas peores, sus plazas, sus árboles, sus callejones, sus héroes, sus santos, y su crisis a cuestas.
Aquí se quedan sus vecinos, familias completas, parejas con perro y sin perro, con niños, sin ellos, y personas solas, jóvenes, maduras, ancianas, españolas, extranjeras, a veces felices y a veces desgraciadas, casi siempre felices y desgraciadas a ratos, pero iluminadas ya por la luz de otro septiembre".

Entre medias vamos a vivir las historias, grandes y pequeñas, de una serie de personajes, muchos, que intentan vivir como intentamos vivir todos en esta época de crisis que nos ha tocado vivir a todos. Desahucios, privatizaciones, recortes, pérdida de nivel adquisitivo, amor, angustia, juventud que tiene que emigrar como hace años lo hacían nuestros padres y abuelos, reformas laborales que únicamente benefician a los poderosos que siguen forrándose para hundir al pueblo llano... donde los adultos que no están en el paro vuelven al trabajo, los niños a la escuela, y la vida sigue pasando.
Cheung y Guan-yin serán felices, aunque pronto serán obligados a volver a mudarse a otra habitación, en un piso para parejas con niño, que seguirá siendo propiedad de su jefe común. Amalia seguirá como puede con su peluquería con esfuerzo y dedicación, a la que volverá Diana que sigue con la incertidumbre sobre el Centro de Salud donde trabaja donde se van consiguiendo pequeñas y grandes victorias en los tribunales siempre recurridas por el neoliberalismo. Pascual seguirá detrás de mostrador de su bar ayudando en lo que pueda a sus clientes y amigos. Andrés volverá a Madrid. La sede de Soluciones Inmobiliarias Prisma seguirá estando en el mismo edificio, pero no con la misma plantilla. Sebastián no acaba de salir de una, cuando se mete en otra, aunque su futuro parece ser un poco mejor. Charo ve como su esfuerzo va dando poco a poco sus frutos. Unos amores empiezan y otros acaban. Marisa escribe su libro, aunque a las editoriales no les guste que sea una historia real. Su madre ayuda a los suyos poniendo el árbol de Navidad en la temporada que más hace falta la ilusión de sus seres queridos, aunque sea agosto. Toni empieza a estudiar sin descanso. Jaime conoce a Adriana y empieza una nueva historia de amor. Begoña trabaja en el vivero. Tiene días buenos y días malos. Pepe Martínez, un hombre dispuesto a cumplir sus promesas, va al Calderón con su hijo Pablo desde el primer partido de la Liga, aunque ya se verá lo que dura. María Gracia se arrepiente de haberse cortado el pelo. Sigue trabajando como una burra, limpiando casas por horas y desayunando en el mismo bar del metro, aunque vivir ya no le hace demasiada ilusión. Laura, después de emigrar a Alemania, si que ha recuperado la ilusión. Adela y su nieto José siguen con su actividad, aunque ella intuye que pronto alguien se cruzará en su camino. Sofía Salgado recuerda todas las mañanas a Luna, aunque se siente culpable pese a haber intentado todo lo posible. En cambio, a Marita no le consuelan sus éxitos. Las cajas que conceden hipotecas quiebran, los bancos que las absorben no se hacen responsables de la gestión. 
Tras cinco años de saturación informativa sobre la crisis, novelarla conlleva ciertos riesgos. Almudena Grandes nunca fue ajena a la concepción de la novela como crónica histórica y épica menor, especialmente en el reciente ciclo de los Episodios de una Guerra Interminable, pero ahora se aparta provisionalmente de ese marco y se detiene a mirar el presente. En su nueva novela, Los besos en el pan, narra las historias de una apretada gavilla de gentes que habitan un barrio del centro de Madrid. A modo de pórtico se presentan las grandes coordenadas de ese espacio con figuras, así como las grietas abiertas recientemente. También se explicita ahí el propósito y el enfoque que amarran estas páginas, a modo de un directo alegato contra el olvido ¿impuesto?, contra el miedo paralizante, y a favor de recuperar la rabia y la dignidad perdidas.
Los besos en el pan es una novela coral, llena de noticias del aquí y ahora, que, como en un gran fresco, pinta un año en la vida de estas gentes que se reparten en tres generaciones, ofreciendo así el contraste del tiempo. En su mayoría pertenecen a las clases medias y populares, con predominio de las figuras femeninas y perfiles que permiten a la autora desarrollar sucesos o situaciones representativas: el hambre infantil en las aulas, el desmantelamiento de la sanidad pública, las estafas bancarias (hipotecas o preferentes), la burbuja inmobiliaria, la amenaza de las competidoras chinas explotadas por las mafias, la tentación yihadista desde la miseria y la desesperación en que viven algunos… Hay además periodistas, policías, emigrantes de variada procedencia, adolescentes combativos, universitarios, amas de casa, una asistenta, parados de larga duración… La ligazón entre las numerosas piezas de este puzzle está muy bien resuelta a partir de los lazos familiares, la amistad, las relaciones laborales o la frecuentación de espacios como el bar, la peluquería o el edificio ocupado, si bien más de un percance o situación se fía en exceso a la casualidad y la coincidencia.

Los besos en el pan es una novela que avanza en superficie, ramificándose, donde no todas las ramas tienen el mismo alcance ni similar peso. Es una historia de muchas historias.

Para la Almudena Grandes, esta situación actual se puede calificar de posguerra, donde los combatientes son, por un lado, los ciudadanos y por otro, los grandes lobbys financieros. Se destaca el papel que juegan las asociaciones vecinales en el ámbito de la solidaridad y la lucha. De la misma manera que destaca también el papel de los abuelos; esos abuelos que precisamente son los protagonistas jóvenes de su serie, Episodios de una guerra interminable en la que ha tenido que tomarse un descanso para relatarnos lo que nos está ahora casi ochenta años después.
Los besos en el pan es una novela sobre el hoy .Y es una novela circular, literalmente hablando. La empieza un narrador que pasea su mirada por las calles, casas y tiendas de un barrio donde viven los personajes que luego iremos conociendo. Y él termina la historia. 

La crisis es la atmósfera que respiran los personajes, pero Los besos en el pan no es un libro truculento o panfletario. La crisis trajo más paro e inestabilidad laboral, pero la gente sigue enamorándose, divorciándose, estudiando, naciendo o muriendo. En ese sentido y en otros, Almudena Grandes ha logrado capturar la vida real y narrarla en esta novela. Almudena Grandes describe, narra, crea un mundo, mantiene el ritmo y la atención del lector. Logra que sonría, o llore. O afirme con la cabeza porque él es quien sale en la novela o alguna vez lo ha sido. Con Los besos en el pan, Almudena Grandes vuelve, como siempre ha dejarnos con un buen sabor de boca. El buen sabor de boca que deja la gran literatura que ella lleva ya tantos años ejerciendo.