lunes, 6 de febrero de 2017

Ful



Cuando se dice la frase de “tenemos que hacer algo”, y más en los ambientes lúmpenes de los extrarradios de una ciudad, pequeña, mediana o grande, en este caso la de Lérida, parece ser que la cosa no anda ya excesivamente bien. Esta frase es un signo de que a los que la dicen les va a marcar su destino. Un destino, posiblemente, muy poco esperanzador. Hay que hacer algo y pronto. Maldito lema de perdedores.
Ful, de Fulgencio, aunque bien puede ser una jugada de póker que no garantiza el triunfo o de que algo es chusco (que lo es), es un joven cercano a los cuarenta años que trata de salir de la pobreza y de la marginalidad con lo único que sabe hacer y conoce bien: buscarse la vida en su ciudad. Junto a sus colegas Jose, así sin acento, Jessi, Arturo y el Pelota, intentarán sacar la cabeza a flote y para ello Ful recurre a James para buscar una solución a todos sus problemas. Atracar a un traficante de drogas puede ser muy rentable ya que nunca podrá ir a la Policía a denunciar el robo. Pero a veces hasta los negocios, por muy buenos que parezcan, salen mal. Y éste va a salir muy mal al tropezarse con Salcedo, un capo de un cártel colombiano que manda a España a un sicario a impartir venganza, un hombre que no se ha criado en mansiones ni palacios, sino en una barraca maloliente y sucia que no deja de recordarle la desgracia de su niñez y cuyo poder, enorme, se rige por saber suministrar el miedo, grandes cantidades de miedo que hacen sucumbir al débil con una extrema crueldad con quien le engaña o le molesta.
En Ful, la última novela de Rafa Molero Rojo, viviremos con angustia las andanzas y contrariedades de unos criminales de baja estofa y nivel, unos “pringaos”, de escasa altura delictiva y pocas capacidades para dar un golpe que les haga salir de su mísera vida. Van a sentir como su vida se enreda hasta límites insospechados después de lo que parecía ser un robo efectivo y sencillo que sale rematadamente mal, abocándolos a una realidad mucho más peligrosa de en la que se encontraban que les obligará a buscar una solución endemoniada más complicada aún.
Giro absoluto pues en esta novela negra. Aquí todo está visto desde el punto de mira del delincuente y no se trata de descubrir a un asesino, sino de entenderlo, de comprender su comportamiento y de ver si son capaces de salvar la piel, de manera merecida o no.
Está claro que, desde el principio vamos a tomar partido por nuestros cinco protagonistas, con los que nos aliaremos en su huida desesperada hacia delante que, ingenuamente, quieren dar un último golpe para logar la salvación que les permita dejar de una vez por todas para siempre el mundo del hampa.
Vuelve a salir en esta novela un enorme poso social que subyace por debajo de la trepidante trama, donde se aspira conseguir el anhelo de lo posible para una gente que no ha tenido suerte al nacer donde ha nacido, ni las suficientes agallas para salir del entorno, como otros que si lo consiguieron.
Ful es un muchacho criado en el seno de una familia en la que siempre reinaron los malos tratos de un padre sobre una madre que acabó suicidándose arrojándose por una ventana de su casa, viviendo solo con su padre, el otro hermano cumple condena en el trullo, que se pasa la vida mirando por la ventana sin ninguna comunicación entre ambos; su amigo Jose, de carácter impulsivo y de dedo fácil para apretar el gatillo, tiene unas inclinaciones poco recomendables; Arturo es un pusilánime y un apocado que siempre está en desacuerdo con los demás; el Pelota, más joven que los demás, es un perdedor nato de carácter muy básico rozando la bobería que ha visto como un hermano murió en una refriega; y Jessi, una chica que si hubiera tenido otras oportunidades jamás la habrían visto por el barrio, sino en la tele o de la mano de una estrella del fútbol. Pero las oportunidades pasan en la vida como los trenes, de largo.
Ful es una historia de supervivencia, de unas perspectivas que se desean que estén pintadas con unos colores diferentes a los que decoran la zozobra y el fracaso, de una huida de allí como sea, aunque no sea de la manera correcta, sino equivocándose una vez más.
Rafa Melero Rojo escribe un canto a la amistad, al amor, al coraje y a la valentía en la vida donde sus personajes, todos, absolutamente todos, geniales, no solo desean dinero aunque se mientan a ellos mismos, a través de dos narradores: uno omnisciente en tercera persona y otro, en los capítulos de Ful, en primera persona, para que el lector vaya conociendo los hechos en el primer caso y los sentimientos y traumas del protagonista en el segundo, consiguiendo un excelente relato lleno de agilidad y adrenalina, concienzudamente encadenado donde las últimas palabras de los capítulos son el título del que le sigue a continuación, en el que humaniza a sus personajes, consiguiendo que empaticemos con ellos desde nada más empezar a leer. A todo esto, hay que añadir un final sorprendente que, para mi gusto, me parece todo un acierto por su originalidad y porque lo considero necesario para aclarar ciertos flecos que, sin él, supongo que quedarían muy en el aire y que así cobran toda su magnitud.
Me gusta la novela negra, pero con este tipo de argumentos me gusta aún mucho más. Por eso disfruto tanto con los “pringaillos” de Alexis Ravelo. Ahora ya tengo otro punto de referencia, un gran punto de referencia. Ful, de Rafa Melero Rojo, un tratado de cómo los pobres tienden a subsistir con lo que tienen y no desaprovechan las oportunidades que les da la vida, aunque esas oportunidades, en ciertos barrios, les llegan a muy pocos y, mientras unos las saben explotar, otros sólo pueden e intentan sobrevivir. ¡Qué fácil es quitar una vida! ¡Qué difícil es vivirla!